martes 27 de octubre de 2009

Primer aniversario de la elección de Obama como Presidente (I): Relaciones Internacionales


En unos días, a principios de noviembre de 2009, se cumplirá el primer aniversario de la elección de Barack Obama como presidente de los Estados Unidos. Es un buen momento para repasar qué retos tenía Obama entonces y cómo están las cosas un año después.

Tras los ocho años de mandato de George W. Bush, Obama se encontró con un mundo en que eran necesarias nuevas normas con las que regir las relaciones internacionales. El unilateralismo del presidente Bush alienó a muchas naciones que, en otras circunstancias, hubieran sido amigas o aliadas de Estados Unidos. Todo ello se produjo en un contexto de crisis económica sin precedentes que, en opinión del editor internacional del semanario político Newsweek, Fareed Zakaria, “es un problema de globalización y no un fallo del capitalismo”.

Zakaria, en su obra “The Post American World” ofreció al recién elegido Presidente una hoja de ruta sobre cómo mejor orientar las relaciones internacionales americanas. Zakaria concluye que el ascenso de lo que él denomina, “los otros” (Brasil, India, China, Rusia, es decir, los países BRIC) es inevitable y que Estados Unidos necesita encontrar nuevas formas de comportarse en un mundo interconectado: América ya no puede actuar al margen del resto de actores importantes del mundo.

La historia personal del Presidente Obama y su forma de entender el mundo han tenido un enorme impacto en la política exterior de Norteamérica. Obama ha sabido cómo hacer amigos en la esfera internacional, así como influir positivamente en otros países. Muy recientemente, por ejemplo, Obama le pedía al Presidente del Gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, que hiciera uso de sus buenas relaciones con Cuba para pedir al presidente cubano, Raúl Castro, que hiciera cambios políticos en la isla: “si ellos no los hacen primero –le dijo Obama-, tampoco yo podré hacerlos”.

La victoria de Obama, hace un año, ha servido para, entre otras cosas, mejorar la imagen de los Estados Unidos en el mundo, según las encuestas. Un 43% de ciudadanos piensan, a nivel internacional, que Estados Unidos tiene una buena imagen hoy, gracias a Obama. En el caso de los españoles, según el último Estudio de Ipsos Public Affairs (octubre 2009), un 42% tienen buena opinión de Estados Unidos, diez puntos más que cuando gobernaba George Bush. Obama ha tenido que trabajar mucho, y muy duro, para reparar el daño hecho a la reputación de Estados Unidos bajo la Administración Bush: mucho diálogo, búsqueda de consenso, multilateralismo y el poner un peso pesado al frente de la Secretaría de Estado, Hillary Clinton, capaz de inspirar respeto en el mundo.

Uno de los primeros retos con que se encontró Obama, a nivel internacional, fue el de integrar a China en el circuito de naciones respetables. China tenía que dejar de ser un “outsider”. Su peso económico ha de ser parejo al político, pero con una condición: como dicen los británicos, “China must play by the rules”. Pero para que China se convierta en un buen ciudadano del mundo, la Administración Obama, además de la Unión Europea, ha tenido que intentar averiguar qué tienen los chinos en la cabeza: qué piensan, cómo piensan, qué objetivos tienen, etc. Estados Unidos ha conseguido, a lo largo del 2009, que los chinos se hayan puesto de su parte en cuestiones vitales, como la resolución parcial de conflictos en Corea del Norte o Irán, por ejemplo.

India tiene su peso en el mundo, también. Con más de mil millones de habitantes, es la primera democracia del mundo, por tamaño. Quiere ser una gran potencia, pero no es capaz de comportarse como tal, según los analistas. En el mejor de los casos, India no sale de sus trifulcas con su tradicional enemigo, Pakistán, al tiempo que parece frotarse las manos por los problemas que tienen los pakistaníes con los talibanes. Cuanto más ocupados están los pakistaníes combatiendo a los talibanes, más libres están los indios de defender sus intereses en Cachemira. Sin embargo, esta actitud ha alejado a India de los Estados Unidos y, muy recientemente, ha acercado las posturas de pakistaníes y norteamericanos. Bush, a través de su amistad personal con el presidente Musharraf, intentó lograr esto mismo durante ocho años, sin conseguirlo. Obama ha logrado mucho más en estos meses gracias a su relación con el marido de la difunta Benazir Bhutto, actual presidente de Pakistán.

Rusia enseñó los dientes en agosto de 2008, cuando invadió Georgia, amigo y aliado de Estados Unidos y las relaciones entre Estados Unidos y Rusia, consecuentemente, se vieron negativamente afectadas. Bush empezó a negociar, a finales de su mandato, tratados de reducción de armas nucleares, que Obama ha mantenido y continuado. Obama ha tenido cuidado de no ofender a los rusos en lo que a estos más les duele: la incorporación de más países del Este y Repúblicas ex soviéticas, a la OTAN o instituciones similares. Obama ha intentado establecer una relación de partnership con su homólogo ruso, Dmitri Medvédev. Si este enfoque genera resultados positivos, será algo que sólo el tiempo irá diciendo: Obama ya ha descubierto que los rusos son gente orgullosa, que quieren ser tratados como iguales y no admiten un estatus de potencia de segunda categoría.

El mayor éxito de Obama en política exterior ha sido el restablecimiento de unas excelentes relaciones diplomáticas con la Unión Europea. Cuando se cumpla un año de su toma de posesión, en enero de 2010, España ocupará la Presidencia de la Unión Europea. Estoy convencido de que la fascinación del Presidente Zapatero por Obama llevará al primero a tener una actitud de cuasi servilismo hacia los Estados Unidos, que dejará en pañales las relaciones excelentes que, en su momento, tuvieron el Presidente Aznar y el Presidente Bush. Una explosión planetaria de jolgorio progresista, si hay que seguirle la broma a la Secretaria de Organización del PSOE, Leire Pajín.

Oriente Medio es la piedra angular de la política exterior americana, en estos momentos. Con dos guerras abiertas heredadas, en Irak y Afganistán, Obama tiene que tomar decisiones. Parece claro que Obama va a cumplir sus promesas electorales de cerrar Guantánamo y, progresivamente, retirarse de Irak. El caso de Afganistán no está tan claro. Sus generales sobre el terreno le piden 40.000 soldados más, para acabar con los talibanes y pacificar el país. Mientras, en el otoño de 2009 se han producido elecciones en el país asiático y, el candidato elegido y apoyado por Estados Unidos (con Bush y con Obama), Hamid Karzai, es el que más escándalos de corrupción acumula. Esto no favorece a Estados Unidos. Al mismo tiempo, es comprensible que Obama se lo piense mucho antes de tomar una decisión sobre qué hacer allí: ¿mandar más tropas para que las aniquilen? ¿aumentar aún más el gasto público? ¿mantener dos “Vietnams” abiertos indefinidamente? No son cuestiones frívolas para la primera potencia de la tierra. Obama hace bien en ser prudente. Tan sólo los tontos y los irresponsables eternizan las guerras, como si en ellas hubiera algo heroico: muerte y destrucción, dolor físico y moral son las consecuencias de la guerra, entre otras.

Las relaciones con Irán, siempre muy complicadas desde la crisis de los rehenes de 1979, son otro escollo en el camino. Durante las elecciones primarias de 2008, Obama fue partidario de retomar las negociaciones con Irán sin poner condiciones previas. Su contrincante electoral más importante del bando demócrata, Hillary Clinton, era partidaria de “un diálogo con condiciones”. Ahora Obama y Clinton trabajan juntos y parecen llevarse un poquito mejor con el régimen de los Ayatolás. Seguramente, el hecho de que en las elecciones legislativas iraníes de agosto pasado la oposición (más liberal) presuntamente obtuviera unos muy buenos resultados, ha dado alas a la diplomacia americana. Ya sabemos qué pasó tras las elecciones: miles de iraníes se manifestaron por las calles de Teherán y muchos murieron o fueron arrestados, torturados por la policía y juzgados por los tribunales islámicos. Irán es una sociedad dividida y esto anima a los americanos a acercarse a un gobierno iraní que quizá, por no gozar de total legitimidad democrática, se sienta inseguro de sí mismo y más abierto a negociar.

En octubre se ha sabido públicamente (Obama lo sabía, al menos, desde que ganó las elecciones, hace un año: se lo dijo la CIA) que los iraníes han construido una segunda planta nuclear en la ciudad santa de Quom. Esta misma semana, la última de octubre de 2009, los inspectores de la Agencia Internacional de la Energía Atómica están inspeccionando Irán y sus instalaciones nucleares (Natanz, Quom). Es una señal positiva, junto a la bienvenida que dieron los líderes iraníes a la concesión (prematura) a Obama del Premio Nobel de la Paz.

Más allá de Irak, Afganistán e Irán, lo que están en juego es la Lucha contra el Terror y, sobre todo, el mejorar las relaciones entre Occidente y el Islám. Iniciativas como “La Alianza de Civilizaciones” del Presidente Zapatero no pasan de ser una anécdota. Sólo un líder mundial como Obama, y la primera potencia del planeta (los Estados Unidos), pueden restañar heridas y mejoras relaciones a largo plazo. Obama sabe muy bien que una de las claves para que el Islam se abra al resto del mundo está en dar más independencia y libertad a las mujeres musulmanas. ¿Está en sus manos el resolver esa cuestión? Difícilmente, en mi opinión…

Quizá sea más fácil, para Obama, el resolver problemas más cercanos y domésticos, como el poner a funcionar de nuevo la economía de su país y, por ende, la economía mundial. Pero esto es algo que trataremos en nuestro siguiente artículo de análisis del primer año de Gobierno de Obama.

Jorge Díaz-Cardiel
Director Corporativo y Opinión Pública
Ipsos Public Affairs España
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